· Aunque el
Parlamento Europeo votó favorablemente la iniciativa de restringir el uso del
aceite de palma para la producción de biocombustibles a partir de 2021, la
realidad productiva de esta oleaginosa y las posiciones de rechazo a esta
medida por parte de varios países de la Unión Europea, que la consideran
discriminatoria, dejarían sin piso una eventual ratificación de la moción por
parte de la Comisión Europea.
El pasado mes de enero de
2018 el Parlamento Europeo votó favorablemente una iniciativa que propone, a
partir de 2021, fijar en 0 % la contribución del biodiésel de palma como fuente
de energía renovable en la Unión Europea (UE). Si bien esta moción surge,
aparentemente, como reacción a la preocupación derivada de los cuestionamientos
a las prácticas ambientales en el desarrollo del cultivo de palma de aceite por
parte de los países líderes del Sudeste Asiático (Malasia e Indonesia), lo
cierto es que, al tratarse de una posición política, en la práctica aún no
tiene un efecto vinculante para los países miembros de la UE y, además, está
influenciada por intereses comerciales, manifestó Jens Mesa Dishington,
Presidente Ejecutivo de la Federación Nacional de Cultivadores de palma de
Aceite, Fedepalma.
“A diferencia de lo que
sucede con las decisiones adoptadas por otros parlamentos en el mundo, en el
caso de la Unión Europea, por tratarse de una comunidad política y económica de
los países miembros, las votaciones del Parlamento Europeo no constituyen, automáticamente,
decisiones con fuerza de ley, ya que el sistema de instancias comunitarias de
la UE requiere que las mociones de naturaleza política (las que son proferidas
por el Parlamento) surtan un proceso de concertación entre todos los países
miembros de la Unión en el seno del Consejo y de la Comisión Europea”, explicó
el líder gremial.
Lo que se viene
observando, es que varios gobiernos de los países de la UE han rechazado esta
moción del Parlamento Europeo por considerarla discriminatoria; tal es el caso
de Francia, Suecia, Reino Unido, Alemania, Holanda, Italia y España que se
oponen a la decisión[1].
“Así pues, en opinión de
algunos expertos y más allá del despliegue mediático que ha tenido la moción
del Parlamento Europeo sobre este tema, la realidad del mercado mundial de
aceites y grasas, y la posición destacada que tienen los aceites de palma en
virtud de su alto grado de productividad, dejaría entrever que la decisión del
Parlamento, tal y como fue aprobada, tendría cambios luego de su conciliación
con las demás instituciones de la UE”.
En la práctica, es claro
que la palma de aceite es un cultivo mucho más joven que otras oleaginosas en
el ámbito internacional y, que en virtud de su alta productividad por hectárea,
requiere menor cantidad de tierra para producir una tonelada de aceite. En
razón a ello, actualmente los aceites de palma se ubican en el primer lugar
dentro del ranking de la producción
mundial de aceites y grasas vegetales, al consolidar más de 33 % de la oferta
mundial de estos productos. Esta situación ha afectado el statu-quo de competidores que producen aceites a partir de otros
cultivos, presionando campañas de desprestigio sobre el aceite de palma, la
proliferación de mensajes negativos y afirmaciones engañosas sobre nutrición,
salud o medio ambiente”, destacó Mesa Dishington.
En la actualidad, el
mundo reclama que no solo la palma de aceite sino, en general, que la
producción agropecuaria se adelante con total observancia de prácticas
sostenibles económica, social y ambientalmente, y con un compromiso claro de
generar bienestar no solo para los consumidores finales de los productos del
agro, sino para las poblaciones que conviven con los proyectos productivos en
las zonas rurales del planeta.
En tal sentido, la agroindustria colombiana de la palma de aceite
es única y diferenciada, pues el cultivo se ha desarrollado sin deforestar. Así
lo demuestra el estudio publicado en 2016 por los investigadores Anand
(Universidad de Guelph, Canadá) y Vijay y Pimm (Universidad de Duke, Estados
Unidos), en el que se asegura que, si bien en Colombia entre 1989 y 2013 se
incrementó el área cultivada en palma de aceite en 69,5 %, el porcentaje de
deforestación fue de 0 %. En
complemento, el estudio de Furumo y Aide (2016) publicado en Enviromental
Research Letters,
demuestra que en Colombia la expansión palmera dada entre 2001 y 2014 se dio en
más de 91 % en tierras que anteriormente fueron intervenidas por pasturas para
ganadería extensiva o por otros cultivos como algodón, arroz o banano; lo que
dista diametralmente de la situación de otros países productores de aceite de
palma.
Fedepalma es miembro de la Mesa Redonda de Aceite de
Palma Sostenible (RSPO por sus siglas en inglés) desde su inicio en 2004 y las
empresas palmeras han acogido dicho estándar de sostenibilidad como uno de sus
modelos a seguir. En apenas ocho años desde que fue lanzado este esquema, se ha
logrado certificar alrededor de 14 % de la producción en Colombia. Actualmente hay
un número representativo de empresas y productores en proceso de certificación RSPO
y, al año 2021, se tiene como meta que
50 % de la producción esté certificada.
“En este frente, vale la pena destacar que una empresa colombiana,
Daabon, localizada en Santa Marta, por tres años consecutivos ha ocupado el
primer lugar en el ranking mundial de empresas sostenibles diseñado por
la Zoological Society of London,
miembro activo de la RSPO”, destacó el dirigente gremial.
En materia social, en
Colombia el cultivo de la palma de aceite genera más de 160.000 puestos de
trabajo altamente formales (directos e indirectos), y cuenta con niveles
salariales superiores en 20 % a los de otros sectores agrícolas.
Un reciente estudio adelantado por el DNP (2016)
evidencia que al comparar municipios que han afrontado conflicto armado donde
existe el cultivo de palma, frente a municipios con el mismo conflicto pero que
no tienen palma cultivada, los ingresos de los municipios palmeros superan en
30 % a los de municipios que no cuentan con este desarrollo agrario,
catalogando esta diferencia como el “dividendo social de la palma”.
“Estos hechos y realidades
de la palmicultura colombiana fueron expuestos en detalle a un grupo de
Eurodiputados que estuvieron en misión en Colombia durante la segunda semana de
febrero del presente año, con el interés de conocer las condiciones ambientales
y sociales bajo las cuales se desarrollan algunos cultivos en el país, cuyos
productos llegan a la Unión Europea (palma, banano, cacao, café y flores)”,
desatacó el Presidente Ejecutivo de Fedepalma.
“En consecuencia,
Fedepalma continuará haciendo seguimiento y gestionando con el Gobierno Nacional y entidades de carácter
privado como el Consejo de Países Productores de Aceite de Palma (CPOPC por sus
siglas en inglés) y el Consejo Latinoamericano de Palma de Aceite (ConLaPalma),
para dar a conocer la realidad de la agroindustria de la palma de aceite en
Colombia y evitar que decisiones como la del Parlamento Europeo prosperen y
lleguen a comprometer las exportaciones colombianas de aceites de palma y
palmiste, que representan 30 % de nuestra producción anual”, concluyó Mesa
Dishington.


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